El municipio sigue desordenando la última localidad del Partido. Ya permitió que los trabajadores del corralón instalen por cuenta propia una estructura informal al lado de la Caballería en la calle 33 y ahora se aplanó un espacio en diagonal al Destacamento de Bomberos y pegado a la oficina del tanque de agua, para hacer un potrero para los chicos. La desprolijidad y el desinterés por planificar el crecimiento del lugar es tan grande como lo es la desvalorización de los niños y los trabajadores municipales, que son conformados con un arenal y arcos de madera, en el primer caso, y un galponcito sin baño, en el segundo. Nunca se brindó información oficial sobre esta «obra», pese a los pedidos de este medio.
Un polideportivo convertido en un playón de hormigón situado al lado de la Casa de la Cultura de Mar Azul en Miramar y 46 y en la otra punta del barrio, en Monte Hermoso y 33, un arenal aplanado para convertirlo en cancha de futbol, donde uno de los arcos está puesto en el límite con la calle. Así ordena los espacios el municipio de Villa Gesell en Mar Azul.
Dos espacios pensados para el deporte emplazados en dos puntas de la localidad, uno todavía en construcción, que tiene como escenario principal un piso de cemento para que los chicos practiquen deportes. Pero claro, la mayoría de los chicos del barrio hacen fútbol y en el piso de cemento no pueden practicarlo. Se ve que por eso, al municipio se le ocurrió hacer un potrero en un espacio que linda con la Caballería y con la oficina del tanque de agua.
Nada demasiado pensado ni planificado, menos desde las condiciones básicas de seguridad, ya que por ahora no está cercado y uno de los arcos está en el límite con la calle.
Ya hubo quejas vecinales con junta de firmas inclusive por el emplazamiento de un obrador del corralón municipal también en esa zona de entrada a la localidad. Un lugar que por si solos se buscaron los trabajadores debido a que el municipio no replanteó la ubicación del corralón que la Justicia paralizó ante la ejecución de un amparo vecinal por estar desconformes con la ubicación de dicha estructura.
Asi crece Mar Azul, dependiendo de las ganas y las inciativas de diferentes empleados o funcionarios municipales, con las instalaciones de estructuras informales y hechas con «lo que hay».
Las madres de los grupos de fútbol del pueblo llamados Los tigres de Mar Azul desconocen el fin de esta cancha. Afirman que nadie les comunicó nada y que los chicos siguen jugando a la pelota en la famosa cancha de la calle Miramar, donde lo hacen hace más de veinte años. Se trata de tres terrenos privados que nunca se vendieron ni edificaron.
¿Acaso la población de esta localidad no es merecedora de espacios adecuados y pensados estratégicamente para los determinados fines? Pareciera que no. Es lamentable, además, que ante la consulta por este tipo de «obras» no se brinde información, lo que deja entrever que no hay demasiado fundamento para lo hecho, que además no fue ni siquiera difundido como mérito. Claro está, que no es algo para mostrar, solo tiene el fin de conformar.
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