Cada 31 de mayo se conmemora el Día del Acogimiento Familiar, una fecha que invita a reflexionar sobre algo tan vital como es el derecho de cada niño, niña y adolescente a crecer en familia. Este día nace como una oportunidad para difundir y hacer un reconocimiento a las familias de acogida, comunmente llamadas «de tránsito» en nuestro país, y que cuidan a los menores en el seno de sus hogares, mientras dura la etapa judicial correspondiente. «Todos los chicos merecen una segunda oportunidad», es casí al unísono el mensaje que dan las personas que se involucran en tan generosa labor social.
El acogimiento familiar es una alternativa concreta al alojamiento en hogares o dispositivos, y permite que niñas, niños y adolescentes que han sido separados de sus familias puedan atravesar ese momento acompañados por adultos responsables en un entorno familiar transitorio.
Cuando estos niños y niñas viven en una casa de familia, es para evitar la institucionalización, priorizando el afecto y la cercanía. Las familias que participan de estas experiencias lo hacen con mucho amor, que dan y reciben al mismo tiempo, y también con mucha generosidad y empatía.

Quienes son familia de tránsito, dan de lo más valioso que hay en la vida y es el tiempo, acompañado de contención, dedicación y guía. No se busca con estos roles reemplazar vínculos, pero sí ofrecerle a los niños y niñas sobre los cuales el sistema judicial ha intervenido para resguardarlos de situaciones vulnerables, seguridad, compañía, cariño, protección y con todo eso, abrirles la oportunidad de un nuevo camino en su vida que les permita crecer con todas sus necesidades básicas cubiertas y desarrollarse en plenitud.
Muchos de estos pequeños deben sanar heridas, reconstruir confianza y apego luego de un abandono o reparar lo que dejan las situaciones riesgosas o injustas que padecieron.
«Ser familia de acogimiento para mi es abrigar, acompañar, proteger en el peor momento. Amar y soltar», expresó a este medio Marina de 61 años.
Para Alejandra y Claudio, que cuidan a un bebé de 4 meses, «ser familia de acogimiento es amar locamente a un niño rezando porque no nos necesiten por mucho tiempo, pero con el dolor de saber que va a llegar el dia de decirles adios. Y con esta tensión permanente lo volvemos a hacer porque creemos que es lo que todo niño se merece. Saber que cuentan con alguien que los cuenta».

Para mí ser familia de tránsito significa, desde el amor, darle la oportunidad y el derecho a una infancia de vivir en familia y sentirse seguro, respetado y amado… Es ser puente de amor y transformación», cuentan desde la familia Gandini, que fueron durante un año y medio familia de acogida de una pequeña y actualmente funcionan como familia de apoyo 2 veces por semana de un bebé, además de ser referentes afectivos de fin de semana de una niña.
Estos voluntarios del amor, consideran que acompañar a esta niñez, significa «Esperanza, oportunidad para salud, derecho de las infancias, dar y recibir amor y sentido de vida».
«Somos la familia Roig/Giordano. Tenemos 3 hijos y tenemos por primera vez a cargo una beba en tránsito. Ella es nuestro milagro. Milu resignificó el amor en nuestra familia».

Laura Tobar, que se dedica a coordinar a estas familias en la Fundación Juguemos y Caminemos Juntos, remarcó: «Ser familia de tránsito es una invitación para amar y proteger la infancia. Nos dá la posibilidad de ser otras versiones de nosotros como familia».
Desde la fundación presidida por Raquel Morales hay una búsqueda activa https://www.instagram.com/fjuguemosycaminemosjuntos/ Tiene sus casitas en las localidades de Matheu y Pilar en la provincia de Buenos Aires y actualmente cobijan mediante la red de familias de tránsito a 45 bebes más 9 que viven en la institución hasta que encuentren más familias de acogida.
En la jornada de hoy publicaron un mensaje profundo sobre el gran valor que tiene la labor de abrigar a niños que están amparados por la justicia:
«A veces no podemos cambiar el mundo entero… pero sí podemos cambiar el mundo de un niño.
Ser el puente es eso: es abrir tus brazos, tu casa, tu tiempo, y acompañar a una niña o a un niño hasta que llegue su familia para siempre.
Es ser ese refugio entre el dolor y el amor.
Es sostener cuando todo tiembla.
Es mirar con ternura, aún sin saber cuánto tiempo durará.
Porque una familia no siempre nace de la sangre,
a veces nace del corazón valiente de quienes deciden estar.
De quienes dicen “sí, yo puedo ayudar”.
Gracias a quienes se animan a ser familia de tránsito.
Gracias por ser ese puente de amor.
Porque cada paso que damos juntos,
acerca a un niño a su hogar definitivo.
🧡 Gracias por existir.
Gracias por acompañar.»
Desde la fundación comunican que también está vigente la necesidad de familias de referentes afectivos de fin de semana para niños y niñas de 2 a 9 años.

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