«Aparecé, Marcelo»

Así de corta y dolorosa fue una de las frases expresada a modo de ruego de Carina Paredes, madre de Marcelo Medina, durante la marcha realizada esta tarde desde Boulevard y Paseo 112 que buscó nuevamente resaltar la ausencia del joven de 19 años a dos meses de la madrugada del 8 de mayo cuando en un estado comparable con un brote psicótico se fue de su casa. La familia del adolescente caminó junto a los amigos y vecinos que escucharon su pedido de acompañamiento. Angustiada y desesperada, mientras trataba de consolar a los hermanos de Marcelo, la mujer exclamó: «Que la gente diga algo por favor, que no calle, esto no es para callar. Esto es grave, mi hijo no está en mi casa y tiene que aparecer».

¿Hay algo en la vida más desesperante y doloroso que la pérdida de un hijo? Seguramente no y aunque Marcelo Medina puede estar vivo en algún lugar, la incertidumbre de su destino es tan temerosa y desconocida que la pérdida se vive cada vez más intensamente porque no hay respuestas sobre dónde se encuentra, cómo, con quién…

Esta pérdida incipiente que hoy tiene en vilo y sumergida en dolor a su madre, a su padre, a sus hermanos y hermana y sus afectos más cercanos hoy se contabiliza en días y esos días en dos meses, porque fue la madrugada del 8 de mayo pasado cuando una situación fuera de lo común hizo que Marcelo Medina entrara en un estado encuadrado en un posible brote psicótico que lo alejó de todo lo conocido, hasta de su casa y su familia.

Lo que podría haber ayudado como contención y frenado su ida misteriosa por el Boulevard a la que sus padres no llegaron a coartar, fue la atención médica en la guardia del hospital de Villa Gesell pedida por un padre preocupado y acorralado por el comportamiento de su hijo enajenado, a la que una médica le dio la espalda sin saber lo que ese desamparo generaría un rato después.

Es de una tenebrosa impotencia, dos meses después, ver lo que pudo haberse evitado con el cumplimiento de la labor médica para ayudar a esa familia a comprender qué le pasaba a su hijo y que pudiera contenerse solo un par de horas más para que un profesional de la salud mental pudiese evaluarlo y ayudarlo.

Cuánto desamparo, cuánta falta de humanidad, cuánta desidia rodeó a la familia Medina esa madrugada donde no dudaron en buscar ayuda en la policía y la salud pública y solo obtuvieron a cambio respuestas y conductas enmarcadas en protocolos y leyes que lo único que hicieron fue empujar a Marcelo a desandar sus delirios en plena madrugada.

Un joven geselino de 19 años que el próximo 18 de julio cumple 20, un joven geselino que atravesaba como muchos otros una desazón y una falta de incentivos muchas veces propias de la edad, un joven geselino que hace 60 días que no aparece y por el cual la máquina de servicios del Estado ha hecho pero no tanto.

La marcha de hoy, como la que se hizo el mes pasado, buscó que esa desidia que inundó la madrugada del 8 de mayo no siga persistiendo, que la comunidad no se olvide de Marcelo Medina, que la gente siga alerta para ayudar si sabe algo, que la familia no se sienta tan sola en la terrible realidad que están viviendo tratando de no sumergirse en la tristeza, porque le prometieron a Marcelo que lo seguirán buscando hasta encontrarlo.

Y la marcha se hizo. Unas 50 personas transitaron junto a la familia por el Boulevard en una ciudad que roza los 50.000 habitantes, las cuentas de la solidaridad y la empatía geselina no dan. No importa, el caminar junto al sonar de las palmas de esas 50 almas fue reconfortante para la familia de Marcelo.

En esta oportunidad participó el secretario de Seguridad municipal Mauricio Andersen. También pudo verse entre la gente a los concejales Clarisa Armando y Gustavo Diez. El resto, vecinos y vecinas comunes, el vacío de representantes sociales y gubernamentales en general se repitió como en la primera manifestación. Parece que entre los deberes de los funcionarios y en sus agendas no está ser solidarios con una familia que busca a su hijo. No es prensable.

«Marce aparecé», rogó Carina Paredes aferrada a la bandera hecha para las movilizaciones cuando pararon la caminata. «Te estamos esperando hijo, te amamos», dijo con la naturalidad y la angustia de una mamá que como bien lo dijo «no da más».

Sobre la causa y los desarreglos en ese camino judicial, pidió: «Que trabajen como tienen que trabajar, que esto sea rápido no aguantamos más».

Fuera del silencio que marcó la primera marcha, esta tarde Carina levantó más la voz y pidió: «Que la gente hable, que diga algo por favor. Que no calle… esto no es para callar, esto es grave muy grave. Mi hijo no está en mi casa y tiene que aparecer. En algún lado está mi hijo».

Esforzándose para no romper en llanto, soltó: «Marce por favor te pido, aparece hijo, por favor ya no damos más».

Mientras tanto, la ciudad hace invierno y algunos ensayamos pensar qué haríamos ante una situación límite así, donde un hijo se evapora en el aire de una ciudad adormecida donde nada cambia y pocos salen a la hora de la siesta.