Se trata de un escrito de la abogada Gabriela Covelli que se publicó en Cartas al país y se titula Muerte digna en pandemia: “¿No era posible que el sistema de salud acompañara a María?” En el detalle, el portal de noticias detalla que «la lectora cuenta el caso de una mujer de 78 años que pasó parte de sus últimos momentos sola». Se trata de la jubilada que agonizó en su casa y fue internada en el hospital después de varias atenciones domiciliarias sin efectos, en donde murío media hora después.
LA CARTA
29/09/2020 – 5:00
Mi lucha es para poner mi granito de arena y que el 17 de septiembre, el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, sea un día importante de verdad. Hoy lamento profundamente que las palabras no coincidan en algunos casos con la acción.
Sólo escribo para describir lo que aconteció el 4 de septiembre de 2020. En mi ciudad, Villa Gesell, murió María, 78 años, sola, en su casa, víctima de Covid-19. No la conocía, pero podría haber sido cualquiera de mis abuelos a quienes amé. Por un momento pensé en todo lo que debe haber sentido, en el ocaso de su vida, sabiendo que ya no había un mañana.
¿No era importante que al menos se vaya acompañada? Con una mano amiga que te haga sentir que en ese pasaje al que tanto miedo le tenemos no estamos solos. Dicen que no quiso ser internada. Sus hijos, desde Buenos Aires, afirman lo contrario.
Quizá sea verdad que prefería morir en su casa, pero no dudo de que no eligió morir sola, menos sin un tubo de oxígeno que al menos la ayude a partir, así, como durmiéndose lentamente.
Busqué en Internet y me encontré con un Protocolo de Acción de Nación (escrito por el Foro de Sociedades Científicas Argentinas, Organizaciones de la Sociedad Civil y Universidades).
El documento establece en innumerables hojas formas de acción y recomendaciones para evitar la soledad de las personas que fallecen por Covid.
Habla de acompañamiento. De garantizar un proceso de morir con dignidad para el paciente en situación de últimos días. El propósito de este protocolo es lograr que, dentro de las posibilidades, sean menos las personas que mueran solas y pueda promoverse un alivio emocional.
Continúa diciendo, que es altamente recomendable que la institución ofrezca supervisión y contención: “Especialmente a los más vulnerables”. Creo que María estaba en este grupo, dentro de los más vulnerables.
Viuda, con su familia lejos de Villa Gesell. Allí entendí que si se tomaron el trabajo de escribir este protocolo, (que se puede leer en Internet) mi enojo no es tan infundado. No soy oposición, sólo quiero que se respete la dignidad humana.
Entre la lucha emprendida por tener un sistema de salud que garantice la seguridad del paciente, entre tantos objetivos, uno de ellos es dosis inmensas de humanidad. No estoy hablando de La Matanza o de la Ciudad de Buenos Aires. No. Hablo de una pequeña ciudad, en donde ese día sólo murió María y fue noticia su muerte.
¿No era posible que el sistema de salud pudiera acompañarla dignamente? De la forma que pudiera: con una asistente social, una enfermera, alguien del sistema de salud mental. ¿Alguien que no fuera su solidario vecino? Él fue el único que atendió a María.
No me cuenten que mandaron una ambulancia o que entregaron remedios dejados en una ventana, a los que María no podía acceder porque no se podía levantar. No me cuenten que cuando ya le faltaban unas horas la llevaron al Hospital.
Me hubiera gustado saber que a alguien del sistema de salud, específicamente los que tienen a su cargo la organización del mismo, se le hubiese ocurrido la humana idea de permitirle morir con dignidad. Desde donde estés María, y aunque no te conozco, Gesell te pide perdón.
Gabriela Covelli
FOTO BRINDADA POR MÓNICA, HIJA DE MARIA DEL CARMEN
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