Uno de los significados de tragedia detalla que se trata de un «Suceso o situación que produce gran sufrimiento, siendo generalmente de consecuencias irreparables». Sus sinónimos son calamidad, catástrofe, desastre.
Desde el lamentable hecho que fue el derrumbe del apart hotel Dubrovnik del centro de Villa Gesell, se utiliza en muchos comentarios y también en notas periodístas la palabra tragedia. Si bien concuerdo que se trata de un terrible y doloroso suceso que está produciendo mucho sufrimiento a las familias y personas cercanas a las víctimas, quiero hacer una reflexión para, sin dejar de lado la empatía por el dolor ajeno y la angustia y consternación que padece la comunidad geselina, darle más significado a lo acontecido, que no esté tan ligado a algo que se aferre a lo inevitable o catastrófico en si mismo.
En mi juventud trabajé muchos años en el área de comunicación y capacitación de una aseguradora de riesgos del trabajo donde aprendí en profundidad todo lo relacionado a la prevención de «accidentes» y la cantidad de desencadenantes que originan hechos que dañan la salud de las personas en ambientes laborales,
No hay dudas y lo fundamentan en cientos de bibliografía en la materia que «los accidentes pueden evitarse» y que «el error humano es un factor principal que contribuye a la ocurrencia de accidentes e incidentes en el trabajo».
El desmoronamiento del Dubrovnik no escapa a estas máximas de la Seguridad e Higiene en el trabajo.
La observación, la inspección, las medidas de seguridad y los roles de responsabilidades en un espacio laboral como es una obra en construcción o para remodelar son básicas y primordiales para el aseguramiento de un trabajo exitoso que no ocasione daños o por lo menos minimizarlos.
Hay puestos de trabajo que conviven con el peligro, pero la mayoría de los siniestros pueden ser prevenidos. Según la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), el error humano causa entre el 80% y el 90% de los accidentes laborales.
Recién después de cuatro días la información judicial comenzó a difundirse, aunque de forma cautelosa, sobre cómo avanza la causa que investiga los motivos del derrumbre,
Van apareciendo en algunos medios nacionales los nombres de los principales actores que pueden estar relacionados directamente con las causas del desmoronamiento. Roles e identidades que como siempre pasa localmente, no se dan a conocer en los medios geselinos, por lo menos se trata de evitarlo hasta la última instancia posible y cuando ya la información periodística de alcance masivo lo reafirma y esa información se masifica.
Desde el día del derrumbe la municipalidad de Villa Gesell salió a comunicar a la opinión pública con un mensaje acotado, desierto y necio, no sólo desligándose de cualquier tipo de responsabilidad sino además tratando de afirmar que su accionar había sido el correcto.
Hoy vamos entendiendo la existencia de algunas personas que están relacionadas a las obras que se realizaban en el apart hotel y que la justicia se encarga de investigar, como debe ser y corresponde. Si bien por el momento en plena tarea investigativa se están tomando algunos temperamentos desde la fiscalía geselina con respecto a detenciones o notificaciones para avanzar en la causa, no todo lo que parecía ser como se planteaba lo es.
Entender que la vida tiene un valor incalculable y que todos los actos administrativos, decisiones y honestidad profesional en un proyecto de construcción son esenciales para garantizar el cuidado de las personas que hacen un trabajo y posteriormente de quienes van a usar las instalaciones debería ser parte del sentido común y la responsabilidad humana.
Este editorial no está escrita para señalar a nadie en particular, no soy juez ni parte de lo que está sucediendo, pero encuentro muy necesario expresarme para colaborar en la toma de conciencia que se debe tener para que no haya que seguir sufriendo «tragedias» ni lamentar muertes de persona inocentes.
Hay una frase popular que dice que «la corrupción mata» y quien conoce el interior de las prácticas y la idiosincrasia geselina sabe que esta frase muchas veces aplicó a una cantidad de sucesos padecidos por ciudadanos geselinos y sus familias en diferentes ámbitos.
Fueron y son evidentes los casos donde los propietarios de obras y funcionarios municipales entretejen acuerdos y prácticas irregulares para llevar adelante construcciones que no están «a reglamento» entre estas partes muchas veces los contratistas también quedan en el medio de estos procedimientos que no desconocen.
Aún la investigación está en una etapa incipiente y seguramente en un tiempo habrá más claridad sobre las responsabilidades de todos los actores intervinientes, que son muchos. Pero a esta altura, cuando todavía no se ha podido dar con la totalidad de las víctimas que quedaron tapadas por los escombros, es necesario poder hablar sobre la justicia que todas ellas merecen y la transparencia y el peso de la ley que en Villa Gesell debe imponerse a pesar de las tácticas ocultadoras de siempre, que en muchas ocasiones le ha ganado a la verdad y a la imperiosa urgencia de poner a las cosas y a las personas en su lugar para terminar con las «desgracias» que la comunidad creada por Carlos Gesell vive año tras año como si se tratara de un designio maldito.
Estamos en un momento del año donde todo debería ser energía y proyecto para encarar una nueva temporada de verano que estadísticamente viene en baja y este «golpe» a los geselinos los vuelve a enfrentar con el desafío de encarar con un halo de tristeza y consternación la temporada que tanto se espera, pero también pone a la ciudad en un momento de inflexión para apuntalar la convicción unánime de no permitir que las prácticas de siempre a cargo de personas inescrupulosas, que con sus accionares ocasionan heridas irreparables, continuen siendo las que conduzcan a Gesell hacia un destino inexorable que se aleje cada vez más del pueblo costero que supo ser y que la mayoría de quienes lo eligieron para vivir, echar raíces y disfrutar, soñaron y sueñan.
Mi corazón está en La Villa, aunque ya no viva de forma permanente en mi querido Mar Azul. Esto y los 7 años de periodismo independiente que ejercí desde esta página de noticias me hacen atreverme a pedir sobre la necesidad de sembrar honestidad y construir el bien común para todos.
Amor, justicia, unidad y paz para quienes sufren y el deseo sincero de que la comunidad pueda sembrar un proyecto de un pueblo donde la transparencia y hábitos de bien hagan brillar a Gesell y sus habitantes puedan vivir con felicidad, irradiando eso a los turistas que aún la eligen para vacacionar y descansar.
Jorgelina Mena
Periodista
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