La desarticulación de una fiesta clandestina resalta la inconsistencia de los controles en Gesell

Anoche, personal de la Secretaría de Salud, junto con efectivos policiales irrumpieron en una fiesta que se realizaba en una vivienda en la zona de 113 y 8 y diez jóvenes fueron trasladados a la Comisaría. Hasta ahí, bien, si no fuera que en reiteradas ocasiones se pueden ver en diferentes espacios comunes reuniones de personas por diferentes motivos, sin que haya ningún tipo de intervención. La vara no es la misma tampoco, si de atención se trata en casos de familias que cumplen cuarentena o vecinos con coronavirus. La diferencia es notoria, algunos de los más resonantes han tenido custodia personal de manera estricta y otros, por ejemplo personas que han ingresado a la ciudad en situciones conflictivas en las últimas semanas, no tienen ningún tipo de marca personal. La desigualdad ante hechos de mismas características, por lo menos deja al descubierto que los controles son al azar y no se alinean a un protocolo o sistema de seguridad.

La información policial amanece con una gacetilla con información sobre la labor de la Secretaría de Seguridad, personal de Salud y de Comisaría Cuarta que desarticularon una fiesta noctura en una casa de Paseo 113 y Avenida 8 y fueron demorados diez jovenes que la realizaban y fueron denunciados al 911.

No es la única reunión que se hace en viviendas particulares en la ciudad, seguro que no. Pero estos jovenes que incumplieron la ley fueron denunciados y eso dedencadenó un operativo importante en la casa.

El alerta al 911 y a la Secretaría de Seguridad funcionó, pero no siempre sucede así. Todos los días en distintos espacios comunes que están a la vista de todos, hay reuniones y encuentros por diversos motivos y no se realizan procedimientos de este tipo ni similares.

Asimismo, si se repara en los controles especiales que se le han hecho en otros momentos de la cuarentena a familias que ingresaron de forma conflictiva a la ciudad, donde debió definir el ingreso un juez, podemos recordar el caso de la vecina Liz Viola que fue vigilada con móviles y cámara de seguridad y hostigada públicamente hasta por funcionarios municipales y hace poco más de una semana, una familia que ingresó también con el permiso de la Justicia y que se supo que uno de sus integrantes es un menor imputado en una causa por la muerte de otro joven, no tuvo ni tiene ningún tipo de marca personal en la vivienda que habitan en Barrio industrial.

Casos de vecinos con Coronavirus también resaltaron que la seguridad y el control son al azar, una vecina de Monte Rincón tuvo una cámara apuntando a su casa durante toda la cuarentena y la policía que ya tiene el alta de Covid-19, también contó con una custodia personalizada.

Hace dos noches el ingreso de una combi a las 21:30 horas que traía a varias personas provenientes de la zona sur de la Provincia, también causo en los vecinos de la cuadra un enojo enmarcado en el temor que esa familia nueva en la ciudad, se alojar en la casa de otra familia que debería cumplir la cuarentena con ellos y pudieron comprobar que así como se lo imaginaban, no ocurrió.

Por qué unos si y otros no es lo que pone, por lo menos en duda o en debate. que exista un sistema de seguridad para dar respuesta a los protocolos vigentes en todos los casos por igual. Que a esta altura de la pandemia y dada la situación epidemiológica actual de la ciudad, los controles sean lo más parecido al TA TE TI es preocupante.