Así se expresó la arquitecta y docente jubilada geselina, Marcela Di Marco, sobre el Código de Ordenamiento Urbano planteado desde el municipio y que mañana ingresa a la Comisión de Obras del Concejo Deliberante para su tratamiento. «No puede no tomarse en serio la segunda industria de la ciudad», se refirió sobre la construcción y su relación íntima con el turismo.
La arquitecta y ex docente «nacida y criada» en Gesell, como ella misma se proclama, se expresó como profesional y parte del plantel de arquitectos de la ciudad que están preocupados por el planteo del Código de Ordenamiento Urbano que desde el Ejecutivo municipal se delineó y fue replanteado por el Consejo Asesor Urbanístico (CAU) y algunas instituciones de la ciudad.
La arquitecta, entrevistada en Por la 3 derecho radio, se refirió a la norma que mañana lunes 15 vuelve a ingresar al Concejo Deliberante, para su trabajo en la Comisión de Obra. Fue terminante al asegurar que «nuestra primera industria que es el turismo está acompañada por la segunda que es la construcción, y esta participa de este análisis que debemos hacer porque tiene que poner en salvaguarda la ciudad».
Su postura es la de muchos de los profesionales que durante el año pasado se ocuparon de bajar al llano y traducir en lenguaje popular qué clase de COU fue elaborado por el arquitecto Gerardo Galli con el aval de Gustavo Barrera.
«Tenemos grandes problemas con el Código en el que no se habla de Villa Gsell como nosotros entendemos», confesó Di Marco.
Sobre el rol de los profesionales ligados a la construcción, la ex docente explicó: «Hacerle saber al gobierno municipal que nuestra industria, nuestra tarea es el espacio contenedor de los desarrollos y tenemos mucho para decir en tal caso. Mucho para decirle al código, mucho para trabajar en una articulación verdadera y honesta del lugar». Y agregó: «Porque estamos en un verdadero problema y mucho más si esos problemas por los que decimos que queremos cambiar nuestro destino turístico, no entendemos que esa industria complementaria es la arquitectura».
Sobre lo que pasa en la ciudad y la comercialización de propiedades, exclamó: «Si salís a construir y querés vender lo construido te lo pagan menos». Coincidió con su colega Pablo La Frossia en que «en Villa Gesell hoy tenés una propiedad de hace 20 años y vale igual o menos».
«Este es el tiempo de acordar y de trabajar en serio», aseguró la profesional. Mencionó que está a la vista que Villa Gesell tiene que barajar y tirar de nuevo y advirtió: «Cuando vos barajas y tiras de nuevo, nosotros los arquitectos de la ciudad en esa mesa deberiamos estar sentados».
La mujer también se refirió al éxodo de profesional en la materia. «Ante mi hay una generación exitosa que me precede de 35 años que está en Pinamar gestionando porque la ciudad no los ha podido contener». Su explicación sobre esta situación es que «no interesa una ciudad que no tiene un marco jurídico claro, que no tiene un buen diagnóstico y que no tiene inversión próspera».
Sobre su expectativa para participar del diálogo sobre la norma que delineará el desarrollo de la ciudad, deseó: «Espero que nos llamen a la mesa animosa de la amistad pero seria, que nos propone como es ese barajar y que coherencias tiene que tener».
Como ejemplo de las estructuras que ponen en jaque a la ciudad se refirió al hospital. «¿A alguien de Villa Gesell le queda dudas que nuestra guardia debiera tener un espacio arquitectónicamente mejor desde la asepcia, limpieza y presencia?», se preguntó.
Y volvió a interrogarse: «¿Cuánto tiempo vamos a demorar que cobramos tasas o alojamientos sin tener estas prioridades?».
Parte de la solución, para Di Marco tiene que ver con que «Villa Gesell tiene que resolver un aislamiento que hay entre la municipalidad y sus actores, se ha ido una generación por esto·».
Fue terminante al aseverar que «el código que se quiere es verdaderamente malo para nuestra ciudad y arriesga nuestro futuro. Ese futuro hay que replantearlo y nosotros tenemos que participar para darle marco a esas cosas que cambian a la ciudad·.
Se refirió al arquitecto Ariel Galera, hoy responsable de urbanismo de la municipalidad de Pinamar y sus contemporáneos. «Es un arquitecto geselino que se educó en nuestras casas estudió en el colegio Vives, aprendió a trabajar con nosotros. Y ese grupo es un montón de gente de su edad que lo sigue».
Sobre el desarrollo urbanístico, lanzó: «No puede no tomarse no en serio la segunda industria de la ciudad. Debería de ser respetada, trabajada y tenida en cuenta y eso debiera movilizar al intendente claramente, que no puede diagnosticar».
«Nosotros como colegio de arquitectos e inclusive con ingenieros y maestros mayores de obra habíamos hecho un trabajo de campo detectando la problemática en Villa Gesell y mostrado un cuestionamiento, donde Mar de las Pampas y Mar Azul tenían otras problemáticas y el punto oscuro que es Colonia Marina y para sorpresa nuestra se armó un código que no respetó esas consignas», confesó.
Sobre la norma de Galli, acentuó: «Ese otro código, entre otras cosas, nos preocupó por el patrón repetitivo para Mar de las Pampas y Mar Azul, donde no podemos cometer los mismos errores».
En cuanto a la participación de referentes para acordar el Código, se refirió: «Es una constitución de futuro. La sociedad quiere ver más de 200 personas reunidas en el tema, acuerdos de gente diferente y eso nos hace respetables».
Sobre el código con letra municipal, denunció: «Uno puede recoger lo que piensa la gente y nosotros tenemos la obligación de saberlo conducir y llevarlo a las multidisciplinas de los ecologistas, médicos y actores que hacen falta para saber más. Me parece que la gente que no puede resistir que sean cinco».
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