Encontré inevitable después de la jornada política y social de hoy que explotó en el Concejo Deliberante y la Municipalidad de Villa Gesell, sentarme a escribir sobre lo que está pasando en todo el distrito y que hoy tuvo epicentro en la casa de los representantes del pueblo y en la municipalidad que mantienen todos los contribuyentes de Gesell, vivan o no de manera permanente en el partido.
En los descargos de la gente, la mayoría en las redes sociales y los grupos de whatsapp, donde por momentos parece que una revolución es inminente por el hartazgo, el enojo y la impotencia que genera una gestión como la de Gustavo Barrera en momentos donde sus 10 años de gobierno se cumplen en un distrito prendido fuego por la cantidad de delitos graves que están ocurriendo desde poco antes del comienzo del verano pero que se agranda día a día, hora tras horas, muchas veces se pueden leer comentarios que evocan al fundador de La Villa como rogándole una resurrección para que se encargue de poner en orden todo lo que está patas para arriba en la ciudad y que con su templanza y determinación se ocupe de poner de patitas en la calle a los funcionarios ineficientes, corruptos y temerarios que por la suma de votos, una mayoría del pueblo ha sabido elegir y conservar siendo el intendente el mejor representante de estas características.
«Si Carlos Gesell se despertara y viera lo que están haciendo con la ciudad», «Gesell debe estar revolcándose en la tumba por lo que están haciendo con la ciudad que fundó», «Si Carlos Gesell resucitara…», son algunos de los comentarios que eligen los vecinos para enviar mensajes al universo y que «el salvador» venga a hacer justicia y hacer valer los derechos que ellos no saben ejercer.
Tengo una noticia que darles y no es iluminada, pero… lamentablemente Don Carlos Gesell no va a resucitar, no hay ninguna posibilidad de que salve a la ciudad ni a nadie y menos que pueda despedir a Barrera y todos sus súbditos inescrupulosos como él.
Las acciones, las decisiones, los votos, los reclamos y el límite de hasta donde una comunidad puede soportar lo que está pasando en la tierra fundada y engendrada por Don Carlos es una incumbencia del pueblo y de nadie más.
Claro, el pueblo está dividido, claramente. Y entonces cuando algo tan temido y tan vital como el miedo a la violencia, al ataque de la integridad física y el apoderamiento de la delincuencia sobre los bienes personales y la propiedad privada está en juego, en general las personas reaccionan.
Tengo que confesar que pienso que en su mayoría, los vecinos y vecinas de Villa Gesell tienen un alto nivel de resistencia y paciencia cuando sus derechos y hasta la integridad de sus familias está en peligro.
Por eso, han tenido que pasar muchas cosas feas, muchas violaciones a derechos esenciales, atentados contra la salud y hasta desapariciones y episodios fuera de la ley que no conmovieron a la sociedad en general, pero ahora los vecinos empiezan a reaccionar de manera más evidente y corpórea. Salir de la virtualidad es algo que evidentemente se le complica a muchos, es típico en los tiempos que corren.
Catarsis, agresiones, luchas en línea y discursos atrás de las pantallas están a la orden del día y alimentan egos, ideologías y tiempos libres. Pero por ahora, desde que la humanidad es humanidad, los pingos se ven en la cancha. Y la cancha de expresión, repudio y exigencia real en Villa Gesell tiene pocos jugadores en relación al daño que se acumula hace más de 10 años y que pareciera cada vez más difícil de revertir.
Mi visión como periodista, después de 7 años de trabajo en un medio de comunicación en el distrito, es que tanto silencio, muchas veces cómplice, hace que la luz en el túnel esté complicada de encontrar.
Ha pasado mucha agua debajo del puente, cada boca callada por miedo, por interés personal, por conveniencia, por ignorancia, por desinterés, es un granito de arena que después de tanto tiempo ha formado una cadena medanosa enorme que contiene un sistema tan corrupto como insensato.
Cada «apoyo institucional» de personas relevantes, de asociaciones sociales que optan siempre por ser políticamente correctas, cada voluntad comprada, cada agachada de cabeza por favor obtenido, cada canje de «necesidad por dignidad» y en ocasiones las desinteligencias, el desorden y la complacencia de la oposición han contribuido a alimentar a un sujeto que llegó a la intendencia casi por casualidad y que tuvo la oportunidad de encaminar a Villa Gesell con un apoyo muy alto cuando fue votado democráticamente por primera vez y con eso no pudo hacer más que afirmar su rasgo de inadaptado social, afianzar su resentimiento con el entorno que lo acompañó en su juventud y convertir luchas personales en luchas políticas llevándose puesto al pueblo en su ceguera.
Barrera es un hombre incapaz de ser un líder real y ante esa gran falencia, terminó recurriendo a la «compra venta» de lealtades y sumisiones.
Hoy Gesell está en una encrucijada feroz porque la vida y la tranquilidad están en juego. Y los geselinos trabajadores, callados, contemplativos y pacientes -porque nunca se olvidan que viven en «un pueblo chico»- y que los castigos por salirse del rebaño son grandes, tienen un desafío que no puede esperar y es cuidarse y torcer el destino de la ciudad para tratar de conservar aunque sea un pedacito de la Gesell que añoran.
Un capítulo aparte, pero no por eso menor, es el rol del periodismo ante este panorama deprimente y la realidad paralela que el gobierno ha instalado desde antes de la pandemia y ahondó cuando el coronavirus paralizó a las personas en sus casas y se pudo hacer lo que más le gusta al movimiento político que aglutina a Barrera y al gobernador Axel Kicillof: atemorizar y tergiversar.
Que uno de los portales con más seguidores del distrito y que supo ser hace unos años atrás el medio más opositor de todos, hoy haya sido «alquilado» al periodista que lo dirigió unos 10 años y actualmente es el asesor de prensa de Barrera, para convertirlo en una especie de «agencia de prensa municipal» y que el medio más adulador y gran cómplice de la gestión de Barrera, que además es dirigido por el hijo de un alto funcionario ernetista, hace una semana se haya convertido en un medio acusador del barrerismo y se venda como «cercano» a los vecinos no es casualidad.
Sepan vecinos que algunas páginas de noticias «fundadoras» como hoy sucede con SI, comienzan a revelar verdades cuando sus pautas municipales corren peligro comienzan a publicar las noticias de los delitos en modo cascada. No significa que no sucedan, solo que cuando el dinero del presupuesto de la municipalidad, que favorece enormemente a algunos medios escasea o baja de valor, se evidencia la información que antes se tapaba.
Lo he dicho en muchas oportunidades y he sido muy crítica del dudoso proceder periodístico geselino, ámbito en el que prevalece la pauta pagada con los bolsillos de la comunidad por sobre la ética periodística y el servicio que se debería practicar en el ejercicio de la profesión.
La mayoría de los medios de Villa Gesell tienen en sus responsables a mercenarios, que durante años le han mentido a la gente, han ocultado información y han podido mirar para otro lado cuando el sufrimiento y los derechos de los mismos vecinos que mediante el pago de la tasa municipal aportan a sus ingresos fueron vulnerados. Me duele ser parte de un sector que desmerece tanto la profesión. Ellos son cómplices de este triste presente.
En definitiva, el despotismo y la falta de sensibilidad social para con toda la sociedad que gobierna Barrera llegó a un límite donde la dignidad y el instinto de conservación de la vida y la protección de la fuente de trabajo, motor de la economía del distrito, no puede hacer más concesiones.
Este medio, como desde el primer día y durante los 7 años de existencia, con los escasos recursos económicos que son parte de nuestra historia y nos mantienen desde siempre en la disyuntiva de continuar o no en esta odisea que es hacer periodismo real e independiente en un «pueblo chico», seguirá haciendo la tarea que se debe hacer hasta que la salud y las prioridades personales lo permitan.
Geselinos, recuerden siempre que el poder lo tiene el pueblo y cuando digo pueblo me refiero a la gente que vive honestamente, que trabaja, que es digna y actúa y vive dentro de los márgenes de la ley, más allá del extracto social al que pertenezcan y eso supera cualquier ideología política. Ser noble y cultivar el amor por el trabajo, ser ciudadanos responsables y conscientes de sus derechos pero también de sus obligaciones, como pedir capacidad y transparencia a los gobernantes, es un derecho básico de cualquier sociedad.
Una ciudad gobernada por gente incapaz o con doble moral es imposible que avizore un buen presente y menos un futuro promisorio.
JORGELINA MENA
Periodista
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