En los años electorales, las promesas y las palabras cargadas de efervescencia son moneda corriente, sin embargo, recordando un editorial de junio de 2019 que hice cuando el intendente Gustavo Barrera le habló a su militancia en Av. Circunvalación y 105 para despejar dudas sobre su retiro de la política local, que por ese entonces se había vuelto un rumor, me llamó mucho la atención su marcada tendencia a no mencionar siquiera alguna especie de premisa que levante la bandera de la estrategia turística. En Villa Gesell no se habla de turismo, no hay noticias novedosas sobre el corazón que mantiene viva a la ciudad. En La Villa los motores que calientan la economía local, están roídos y desactualizados, porque el Ejecutivo «mandato incumplido» llenó su agenda de compromisos y deberes que dejaron a un costado al bombeador de sangre por naturaleza. Gesell Es querer volver… a Ser lo que fue o debería Ser.
Por Jorgelina Mena
El 6 de junio de 2019 escribí un editorial corta e inspirada en las palabras que el intendente Gustavo Barrera había pronunciado en un discurso rodeado de la militancia y sus funcionarios más fieles, dejando en claro que iba por la reelección.
Lo que detallo a continuación es la reflexión que hice después de escucharlo muy enérgico y envalentonado.
El Intendente confirmó que quiere seguir junto a su pueblo. En su último discurso, se refirió a la política neoliberal del gobierno nacional y a las obras públicas que más se ven, como si la mayoría de los vecinos no dependiera de los puestos de trabajo que genera la ciudad como destino turístico. Sus palabras no mencionan proyectos regionales ni obras de infraestructura necesarias para modernizar La Villa y sus localidades. Además, en sus frases se nota la ausencia de objetivos para lograr una ciudad más cuidada y atractiva para los viajeros. No ambiciona transformaciones o innovaciones en ese sentido. Quiere seguir al mando de una ciudad con mar pero el turismo no es su leitmotiv, por eso la ausencia de un plan estratégico para recrear un lugar más atractivo. Gobierna de forma reactiva y por impulsos, muy atento a los dedos en forma de V.
Las palabras que Barrera había pronunciado micrófono en mano en la vereda del partido justicialista fueron pocas pero más que suficientes para que quien no lo conoce o no sabe a que ciudad se refería, muy probablemente no se le ocurra que se trata de Villa Gesell. Así pavoneaba el intendente:
«Hoy nos reunimos en el partido Justicialista con compañeros de todos los sectores del campo popular y vecinos unidos por la voluntad de que nuestra ciudad progrese. El único objetivo es seguir avanzando y afrontar a las políticas neoliberales del gobierno nacional, trabajando unidos como lo venimos haciendo, apostando a obras que con gran esfuerzo realizamos gracias a nuestros contribuyentes y a la mano de obra municipal. El playón deportivo en la localidad de Mar Azul, la primera escuela técnica pública, veredas sobre la avenida tres, cloacas y el nuevo Hospital, una obra con la que me comprometí y pese a que hay vecinos descreídos los convoco a confiar, porque esta obra será finalizada. Vecinos, no tengan dudas que quiero seguir junto a mi pueblo porque hay mucho por hacer y quiero seguir haciendo una política diferente realizando todas las obras que nos quedan pendientes para construir un mejor futuro para todos los geselinos y geselinas».
No voy a abundar en que destino tomó esa descripción realizada porque no viene al caso y porque indefectiblemente tendría que volver a criticar y evidenciar su negligencia con la salud pública geselina, de la que dependen también miles de turistas, pero si quiero remarcar que Barrera se olvida de la playa, ve al mar como parte de un decorado, como la ola de plástico que nos hizo pagar a todos en plena crisis por la pandemia a un valor de 1.6000.000 pesos.
Biri Biri, sarasa, sanata y lo que se les ocurra como mejor descripción, es lo que el intendente confirma con hechos concretos cuando hay que poner todas las cartas arriba de la mesa y ponerse la camiseta de Sol y Playa, que bien grande le queda.
La verdad es que da curiosidad que proviniendo de familia comerciante y hotelera, el mandatario es el primero en patear para otro lado y seguir las migas de pan por el senderito que le traza el gobernador Axel Kicillof. Mientras tanto la estrategia turística se nutre de carpas, puestos, gazebos, shows y foodtrucks.
Innovación cero. Barrera no va por más, va por menos y hay muchos fundamentos que convierten a esta crítica en una muy triste y preocupante realidad que lamentan muchos y de la que no todos toman conciencia, porque se creen afuera del circuito turístico. Tremenda ignorancia!
Un aeropuerto en estado de abandono que recuerda al cuento de Pedro y el lobo. Un anuncio de un parque termal que se dio como novedad con bombos y platillos el año pasado. Una obra de repotenciación energética que le arrancó a la cooperativa eléctrica hace seis años y sigue frizada. Una continua y avalada depredación del médano costero. Una promoción exagerada de destino accesible, disfrazada a costa de un sólo balneario privado. Un continuo forcejeo gremial con los guardavidas a los que se les entregan herramientas de trabajo a cuenta gotas. Agachadas continuas a los comerciantes. Una desvalorización y abandono planificado de la Reserva Natural. Un ninguneo sistemático a las necesidades más simples y básicas de las localidades del sur, y ni que hablar de las más complejas. Y así…
Falta de ideas y proyectos para articular con los privados, falta, falta, falta. Nada sobra y el secretario de Turismo lo sabe.
Que la playa sea el ámbito más descuidado y menos intervenido de la ciudad, es impensado y no cabe en ninguna cabeza, salvo en la de esta gestión municipal.
Escuché por ahí que «vivimos en una ciudad que vive del turismo, pero no es una ciudad turística». Gesell se ha ido transformando a base de una sucesión de desconciertos y falta de planificación que nada tienen que ver con los tiempos que corren y la potencialidad del lugar.
El planteo turístico debe dejar de ser abordado principalmente por un puñado de publicaciones en las redes sociales que invitan a llegar, a quedarse y a querer volver.
La arena, el mar, el sol, el viento y el horizonte no votan. Los turistas tampoco, pero son los que ponen en marcha la maquinaria a la que Barrera casi ni se sube, porque está sobrevolando sus intereses personales y políticos.
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