La peligrosidad de Barrera no tiene techo

Como no alertarse cuando, para desestabilizar la exigencia de la comunidad de Villa Gesell que pide que se sanee el sistema de salud pública, del cual hay casos sobrados de negligencias, desatenciones, delitos, irregularidades y falta de capacidad y humanidad, se utiliza la posverdad para tapar y esconder lo evidente y comprobable, la evidencia fáctica. El primero que abusa de este método es el intendente Gustavo Barrera, pero no es el único, lo acompañan con una descarada complicidad mercenaria comunicadores, funcionarios deshonestos y algunos militantes negacionistas.

Por Jorgelina Mena

En cualquier texto que exponga de qué se trata la posverdad se puede leer, como en esta nota que cito de theconversation.com titulada «La posverdad es más peligrosa que la mentira», que «son varios los fenómenos que circundan o acompañan a la posverdad. Mentira, ignorancia, charlatanería, desinformación, fake news, populismo, redes sociales, propaganda y negacionismo, son fenómenos heterogéneos que suscitan la idea de engaño masivo».

Después de escuchar una serie de audios de una entrevista que el intendente Gustavo Barrera dio en una radio local, no pude evitar trasladarme a este concepto. En la nota que menciono se ve reflejado simplemente lo que hace sistemáticamente el intendente de Villa Gesell. Se puede leer: «Lo que mejor caracteriza a la posverdad es la falta de respeto por la verdad o el desprecio hacia la misma. Esta característica no hay que identificarla con la mentira. La mentira y el desprecio a la verdad son diferentes formas de engaño. El mentiroso sabe cuál es la verdad, juega la partida de la verdad, pero la oculta intencionadamente. Sin embargo, la posverdad va más allá (o más acá). Ignora el juego de la verdad, se desentiende: la verdad es ignorada, obviada».

Lo que hace Barrera en su discurso sobre lo que el pueblo considera como la problemática central en el distrito, la salud, es eso mismo. Barrera habla y discursa ignorando la verdad, la obvia, la pisotea y la patea lejos; así como se desentiende de su responsabilidad como principal ejecutor de la política sanitaria de Villa Gesell.

En el año 2005, el filósofo Harry G. Frankfurt analizó el fenómeno de la charlatanería y contrapuso dicho fenómeno con la mentira. Este hombre estadounidense se preocupó por la figura del «charlatán». Dijo que el charlatán «menosprecia la verdad, ignorándola, pasando por encima de ella». 

Ante una realidad evidente, una verdad experimentada dolorosamente y desde la impotencia por vecinas y vecinos que han sufrido pérdidas de seres amados por el precario sistema de salud público, personas que han visto puesto en riesgo su salud o agravarse sus dolencias, el intendente juega al mundo del revés y eso, cada vez más, el pueblo lo soporta menos.

El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber opina sobre la posverdad, aduce que en ella se pueden hallar los datos que alguien necesita para justificar las propias ideas. En ese sentido, «hay como una conciencia de que uno ejerce esa operación, pero no le importa», expresó en una entrevista hecha para CNN Español.

Barrera está justificando lo que cree, está recortando la realidad funcional a su conveniencia. Lo grave y peligroso en su accionar es que está menospreciando una actualidad relacionada con lo más importante que tenemos los seres humanos: la vida, la salud.

A su paso, serviles militantes, funcionarios ineptos e indignos que solo piensan en sus bolsillos y comunicadores adoctrinados mensualmente, acompañan al charlatán y forman parte de la escenografía que se cae a pedazos.

«Yo nunca tuve problema» se escucha decir a un comunicador de la radio sentado en la mesa con el intendente, al contar sobre sus atenciones en el hospital. Un oyente cuyo mensaje fue pasado al aire, casualmente también solo tenía cosas buenas para contar, dijo: «A mi me atendieron bien, no sé a los demás…»

Los demás, el otro… ese que hasta hace poco era la Patria, cuando se trata de sostener la posverdad, deja de ser importante. Su vida no vale y no cuenta. Hay que negar los hechos porque hay que ser servil al charlatán.