Con o sin plan, Barrera nos está exterminando

A algunos seguramente la palabra exterminio les suene muy fuerte y una exageración, pero si pensamos fríamente en la cantidad de daños a la salud de los geselinos que suceden en la atención del sistema de salud público hace varios años, sin que nada se modifique y sin que se ejecuten las transformaciones necesarias para subsanar las ineficiencias y las irregularidades existentes que todos conocemos, yo me atrevo a considerar que la falta de respeto por la vida y la inacción por parte de los servidores públicos en materia sanitaria es una masacre lenta y con complicidades enormes. Terriblemente doloroso es, además, que la destrucción sea realizada sin el más mínimo reparo a la vista de una sociedad, que impávida, sigue siendo una serena protagonista del dolor de propios y ajenos, sin interpelar a los «asesinos de escritorio».

Este editorial está basado en hechos reales y lo aclaro, aunque no debería, porque muchas de las situaciones que voy a describir parecen sacadas de una película de terror o parte del guión de una obra de teatro del absurdo. Pero no, es la triste y acuciante realidad de Villa Gesell, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Un distrito que se jactó durante toda la pandemia de Covid-19 de ser uno de los mejores que gestionó la salud durante el tiempo en el que el Coronavirus nos cambió la vida para siempre.

Sin embargo, como en la ficción, en algún momento las luces y las cámaras se apagan, y la vida emerge sin más. Y ahí, después del protagonismo que muchos funcionarios mediocres, contrabandistas de la vida, como llama a los seres humanos sin ideales y ausentes de robustez moral José Ingenieros, ya no pudieron disfrazar de virus más nada.

La negligencia, el desinterés, la incompetencia y el desprecio por la vida recorren los pasillos del Hospital Municipal de Villa Gesell todos los días.

Ya es vox populi que trabajan médicos no tan médicos, médicos a media máquina, personas que no tienen matrícula que atienden sin vigilancia y firman órdenes con el sello de otro médico, por ejemplo de la mismísima Directora del Hospital Claudia Padilla.

Ya nadie puede ocultar que hay médicos con una notable inexperiencia, que diagnostican un enfermedad por otra o ni siquiera llegan a un diagnóstico y mandan a los pacientes a descansar a sus casas. Pacientes que en muchos casos terminan haciéndole caso a su intuición o a su dolor y recurren a otros hospitales donde encuentran la razón de su padecer, con su correspondiente mejoría o directamente salvan su vida.

Una ambulancia llega a una casa donde un hombre sufrió un infarto. El desfibrilador está descargado. El hombre termina muriendo.

Un paciente es trasladado en una ambulancia y por negligencia de la médica que no colocó correctamente la máscara de oxígeno, la persona muere ahogada.

Una mujer que muere desangrada y desgarrada en un parto natural porque no se le practicó la cesárea que correspondía, ya que por un error administrativo no se la esperaba ese día para dar a luz. Fue inducida a un parto natural cuando tenía en su vientre a un bebé macrosómico.

A una paciente recién operada de apendicitis con fiebre le dan el alta. Durante un mes sigue yendo al hospital a causa de problemas para respirar. Uno de los médicos que la ve en alguna de las atenciones le receta vitaminas y en ningún momento se le hace ningún estudio. Un día, al desmayarse en el trabajo, la ven y la mandan a su casa. Ya cuando era mucho su malestar, una médica que la atiende le hace una tomografía. La joven murió de una trombosis pulmonar. El resultado de la tomografía llegó cuando ya había fallecido.

Paciente covid19 positivo sin la atención adecuada por la neumonía bilateral que tenía, solo fue monitoreado telefónicamente por una empleada administrativa durante el desarrollo de la enfermedad. Murió ahogado, podríamos decir, por el slogan Quedate en casa.

Nena de 4 años con toxocardiasis, patología que de ser atendida oportunamente, se podía con un tratamiento haber salvado su ojo. El traslado al Materno Infantil de Mar del Plata demoró 10 días.

La lista de hechos que terminaron en muertes es más larga, aunque más larga es la cantidad de atenciones que si bien no causaron fallecimientos, pusieron en grave peligro la vida de muchas personas.

Pienso en estas víctimas del sistema de salud que debieron ser cuidadas, sanadas y obtuvieron todo lo contrario. Pienso en sus familias, sus amigos y afectos.

Muchas veces escuchamos decir en materia de seguridad que para los delincuentes «la vida no vale nada», porque sin un gramo de sensibilidad realizan actos atroces, dañan y juegan con la integridad de las personas.

Los responsables de que estás vidas truncadas o arriesgadas en las atenciones del sistema de salud geselino, no son acaso pasibles de comparación con los delincuentes? me pregunto muchas veces.

De repente viene a mi mente la canción de Pablo Milanés, esos párrafos que dicen…

La vida no vale nada
Cuando otros se están matando
Y yo sigo aquí cantando
Cuál si no pasara nada

La vida no vale nada si escucho un grito mortal
Y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga…

No quiero ser reiterativa sobre la capacidad de ser sensible y empático que tienen que tener quienes eligen gobernar, dirigir políticamente y hasta ocupar cargos que conllevan grandes responsabilidades. Pero en Gesell ya ni siquiera se trata de contar con un gobernante que sienta con la gente y se interese en escucharlos e intentar hacer bien su tarea de servidor público. En Gesell, sobre todo por lo que pasa o no pasa en Salud, ya tenemos que hablar de un intendente que propicia el exterminio y resguarda y protege a dos médicas dolosas como lo son la Secretaria de Salud y la Directora del Hospital.

Seguramente algún lector o lectora que está interpretando este texto crea que los calificativos que uso al referirme a Gustavo Barrera, Lorena Romero Vega y Claudia Padilla son excesivos. A ellos les pido no solamente que se pongan dos minutos en la piel de las personas que sufren y sufrieron daños en la salud por desatenciones de cualquier tipo en el hospital. Les pido que criteriosamente y con una buena dosis de sentido común reflexionen sobre los deberes de los funcionarios públicos.

«La base de la confianza ciudadana en sus administraciones tiene uno de sus pilares fundamentales en la eficacia en la prestación de los servicios», menciona en su libro El burócrata disruptivo, Francisco Velázquez López. En nuestro país, desde la presidencia se detallan cuestiones claves que debe contemplar la función pública, algunas de ellas son:

PRUDENCIA. El funcionario público debe actuar con pleno conocimiento de las materias sometidas a su consideración, con la misma diligencia que un buen administrador emplearía para con sus propios bienes.

IDONEIDAD. La idoneidad, entendida como aptitud técnica, legal y moral, es condición esencial para el acceso y ejercicio de la función pública.

RESPONSABILIDAD. El funcionario público debe hacer un esfuerzo honesto para cumplir con sus deberes.

APTITUD. Quien disponga la designación de un funcionario público debe verificar el cumplimiento de los recaudos destinados a comprobar su idoneidad. Ninguna persona debe aceptar ser designada en un cargo para el que no tenga aptitud.

LEGALIDAD. El funcionario público debe conocer y cumplir la Constitución Nacional, las leyes y los reglamentos que regulan su actividad. 

Son la ausencia o la falencia de estas características de los funcionarios las que repercuten en cada una de las causas y consecuencias de una diversidad de actos médicos, profesionales y administrativos, que atentan contra la valorización de la vida y la seguridad de los pacientes.

Hoy, el hospital es el emergente de todo lo que ya no va más en Villa Gesell. De la designación a dedo de profesionales de la salud, de bancar a una secretaria de Salud que no está a la altura de las circunstancias ni en pandemia ni después. De un sistema sanitario que está viciado, sucio, rebajado y del que por supuesto nadie se enorgullece, al que pocos quieren pertenecer y que expulsa a quienes pretenden hacer las cosas bien.

Pero Barrera, Romero Vega, Padilla y demás súbditos no son los únicos responsables. Hay cómplices y muchos. Puertas adentro del hospital y puertas afuera. Los cómplices que ven y callan. Los cómplices que ayudan a sostener la farsa. Los cómplices miedosos. Los cómplices que ponen la vista en otro lado para desviar la atención. Los cómplices benefactores… y podría seguir.

Sin embargo, la complicidad más relevante y la que tiene el gran desafío de torcer el destino y hacer caer el telón, para que los completos responsables de la masacre queden solos y perversos sobre el escenario, son cada vecino y vecina de esta ciudad.

Una amiga que supo por donde encararía este editorial, me sugirió remarcar que la omisión en salud podría considerarse artífice de este sistema de exterminio, ya que la inacción en materia de asistencia solo contribuye a aumentar los casos fatales.

La omisión, en derecho, es una conducta que consiste en la abstención de una actuación que constituye un deber legal.​ La omisión desde el pueblo me remite a olvido, a abstención.

Los ciudadanos de Villa Gesell vamos a seguir absteniéndonos? Vamos a seguir permitiendo que destruyan nuestra salud? O vamos a defender ese derecho humano fundamental del que nos están despojando despiadadamente y desvergonzadamente?

Jorgelina Mena