Desaparición de Marcelo Medina: 13 días sin rastros del joven que se escapó en un estado de alta vulnerabilidad

Desde las 12 de la noche hasta las 5 de la madrugada del domingo 8 de mayo, la madre y el padre de Marcelo Medina de 19 años buscaron ayuda de la policía y del personal de salud del hospital municipal para entender qué le pasaba a su hijo que evidenciaba una conducta muy extraña con delirios y mucha excitación. No la obtuvieron y el adolescente se escapó dos veces de su casa, una en presencia de efectivos policiales, que al igual que la médica de guardia, se negaron a actuar en pos de su protección fundamentando su mayoría de edad y su negación a recibir asistencia. Hoy, con un operativo de búsqueda que no va de la mano de la gravedad de la situación, la familia todavía no fue recibida por la fiscalía y no encuentra la forma de agilizar su búsqueda. En el desesperante camino por encontrarlo, mañana sábado, Miguel, su progenitor, recorrerá la ciudad de Mar del Plata con carteles que llevan la foto del joven.

Marcelo Medina desapareció hace 13 días, no hay pistas ni rastros que puedan aportar algo que pueda dar con él desde la madrugada del domingo 8 de mayo cuando después de unas 5 horas su familia intentó por todos los medios tratar de evitar el escape que finalmente ocurrió, a pesar de sus esfuerzos entre los que la presencia de policías de la Comisaría Cuarta en dos oportunidades y el requerimiento de atención en la guardia del hospital, fueron en vano.

El comienzo de la pesadilla

En pocos días, la vida de Marcelo Medina de 19 años, ex estudiante secundario de la Escuela 5 de Villa Gesell e hijo mayor de Carina Paredes y Miguel Medina, sufrió un vuelco inimaginable.

Si bien el joven estaba «bajoneado», como lo advirtió su mamá, llevaba una vida normal y tenía proyectos. Sin embargo, esa normalidad se vio trastocada a partir de que el adolescente comenzó a visitar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida comúnmente como la iglesia de los mormones y ubicada en Paseo 139 al 400, una semana antes de su escape y desaparición.

Según su madre y su padre, Marcelo empezó a comportare de una manera diferente el día viernes 6 de mayo por la noche, el sábado 7 fue a dicha iglesia y al regresar a su casa ya su conducta comenzó a despertar preocupación, aunque fue a partir de las 00 horas del domingo que se desataron los acontecimientos que terminaron con la desaparición del joven.

«El domingo a la madrugada empezó a los gritos y a hablar fuerte. Nunca había actuado así. Oraba sin parar», le contó su madre a este medio.

Paredes, ama de casa y empleada hotelera en verano, detalló que su hijo estaba bajoneado porque le robaron la moto que le costó mucho comprarse en la temporada. «La policía no hizo nada sabiendo quien fue, con fotos y todo, se sentía frustrado en ese sentido», expresó la mujer.

Sobre su hijo contó que «al deber materias del secundario no podía anotarse para estudiar. Sin embargo tenía la idea de irse a Córdoba a estudiar aviación donde vive mi hermano. Estaba rindiendo las materias».

Cuando Marcelo comenzó a mostrarse alborotado, delirante y haciendo alusión a que era el «salvador» y que los protegería a todos, la mujer llamó al hospital para buscar ayuda. «Llamé al hospital diciéndole que mi hijo estaba en un estado que no sabía si había consumido algo o no. Me dicen que no lo pueden venir a buscar porque es mayor de edad y tiene que ir por sus propios medios», detalló. Y agregó: «Me dijeron que llame a Defensa Civil y ahí vinieron policías, un hombre y una mujer en un patrullero».

Paredes contó que los efectivos policiales le hablaron a su hijo con el fin de calmarlo. «El les oraba y les pedía la mano. No se dejaba llevar al hospital, pero prometió calmarse para que no le insistan de llevarlo».

Sin embargo, cuando se fueron los policías, siguió con su relato. «No paraba de orar a los gritos», confesó la señora. Ante la desesperación de no poder hacer algo para calmarlo, recurrieron al pastor de la iglesia cristiana a la que concurren, Julián Guerra, para que los aconseje.

Pero el adolescente no se dejaba llevar al hospital ni se dejaba tocar. «Estaba atormentado, en un estado de desesperación como que estaba viendo algo. En un momento rezamos todos juntos con el y cuando se fue a su habitación como a las 3 de la mañana, se escapó por la ventana», comentó la vecina geselina.

Ante esa situación, llamó a la policía y le dijo: «El chico se fue, se escapó en el estado en el que está».

La policía vuelve a la casa a buscar al padre de Marcelo para encontrarlo. «Me llaman diciéndome que estaba cerca del hospital», recordó la mujer.

«Lo encontramos en Paseo 124 y Avenida 7. Se fue sin nada sin la mochila, sin la billetera», detalló Medina padre, ex ambulanciero y actual personal de una empresa de seguridad.

Sobre lo que fue el momento del reencuentro, explicó: «El no quería subir al patrullero y yo le dije que íbamos para que le hagan un análisis para ver que nos digan si había tomado algo o tenía algo mental».

Finalmente, el joven llegó a un acuerdo con la policía de ir al hospital. «Cuando llegamos el nunca entró, no quería entrar. Le cuento a la médica lo que le pasaba. Le dije yo autorizo a que lo metamos adentro para que lo atiendan y nos diga que tenía», contó Medina.

Ante la negación del joven y el mensaje de la médica de guardia expresó que el tenía que entrar por sus propios medios y mencionó: «No podemos meterlo a la fuerza. Yo no puedo salir a la vereda». En el hospital le informaron que recién habría un psiquiatra a partir de las 8 de la mañana.

«Yo no voy a entrar, yo ya estoy bien», recordó el padre del adolescente, que decía su hijo. «Cuando llegamos a casa cuando bajamos dijo no voy a entrar esta no es mas mi casa yo no vivo mas aca».

Ante el evidente nuevo escape que se venía, El padre para que lo ayuden a retenerlo, quiso que los efectivos lo arresten, también planteó un arresto. Sin embargo, la policía insistía en que no podía actuar así porque aunque no tuviese los documentos, al identificarse y no contar con antecedentes, debían soltarlo.

«Tenía actitudes como que me hacia dudar si se estaba haciendo o no. Porque con la policía actuaba más tranquilo», contó el padre.

Así fue que Marcelo comenzó a caminar y se fue. La posibilidad de atenderlo, asistirlo y cuidarlo se esfumó como él, minutos después.

Su padre había llegado a decirle: «Si te querés ir de casa hacelo bien, no así». Los policías expresaron, según cuenta el hombre: «No podemos hacer nada».

Marcelo salió caminando hacia el Boulevard, en short negro, buzo verde y zapatillas negras con suela marrón. «Ahí lo captan las cámaras. Cuando se fue el patrullero salimos a buscarlo y ya no lo encontramos», detalló la madre de desaparecido.

Poco después, la pareja fue a la Comisaria de la Mujer para hacer la exposición de lo que había pasado. «Nos dijeron que teníamos que ir el lunes a pedir una orden al Juzgado de Paz para que lo obligaran a que lo atienda un psiquiatra». Para eso ya no había posibilidad, porque Marcelo no apareció más.

«El tema era frenarlo», lamentó Medina, y Paredes siguió relatando los hechos: «El domingo a la mañana fuimos a la Comisaría Cuarta a hacer otra denuncia y nos dijeron que vayamos a la iglesia de los mormones. Ahí nos informaron que el sábado estuvo ahí en una ceremonia de bautismo».

Los misioneros le aseguraron a la madre que lo vieron raro y estaba eufórico y gritaba cuando rezaba. «Les dije por qué no se acercaron a mi casa para preguntar si el era así, a ver qué le pasaba».

En esa ceremonia en la iglesia, el joven fue identificado por la policía, ya que llamaron por su raro comportamiento. «El celular dicen no haberlo visto que lo tenga en la iglesia», expresó Paredes.

La búsqueda

Al segundo día de los hechos narrados, cuando ya estaba vigente la Búsqueda de Paradero, el secretario de Seguridad municipal dice haberlo visto en zona de médanos detrás de la terminal de micros, pero se escapó y cuando se rastrilló el lugar, no encontraron nada.

La familia lo buscó en Macedo, Valeria del Mar, Costa Esmeralda. Marcelo nunca se comunicó con nadie hasta ahora. En Villa Gesell se hicieron varios rastrillajes en la zona oeste, sur, Mar Azul, Valle Guaraní y en diferentes lugares exactos donde la gente da el alerta de un posible hallazgo.

Participan en los operativos personal policial, de la DDI, Caballería, Bomberos y Guardavidas y ha habido presencia de perros de rescate K9.

«Se están tardando para todo», dijo Medina hace unos días atrás cuando fue con la familia y amigos al municipio para pedirle al intendente Gustavo Barrera más personal abocado a la búsqueda y más coordinación.

El Ejecutivo municipal se encontró dos veces con la familia, siempre en respuesta al pedido de los padres. En una conferencia de prensa realizada junto al funcionario del área de Seguridad, Mauricio Andersen, ambos se centraron en las acciones que se realizan para encontrar a Marcelo y fundamentó la no atención del joven en el hospital cuando su padre lo pidió bajo su responsabilidad para contener la situación inabordable familiarmente, con el marco regulatorio dado por la Ley de Salud Mental.

Sin embargo, el propio psicólogo que atendió después de una semana a la familia que busca a su hijo, les confirmó que «hay un protocolo de atención que debe seguirse en estos casos y que no funcionó», esto relatado por la madre del adolescente.

Sobre las cámaras de seguridad monitoreadas por Seguridad Municipal, les dijeron que todas funcionan, sin embargo «una sola cámara es la que lo tomó, la de Boulevard y Paseo 113», resaltó Medina.

El acompañamiento de amigos y vecinos

«Los amigos salen a pegar carteles, lamentablemente algunos fueron arrancados», contaron desde el seno familiar.  «Que no arranquen los carteles con la cara de Marce. Queremos que la gente le conozca la cara para que si lo ven avisen», rogó la mamá de Marcelo.

«Si lo ven en la calle por favor no lo asusten, no le griten por favor y llamen a la policía o a nosotros e intenten sacar una foto», rogó Selene, hermana del joven.

 «Mi hermano mide 1,75, es trigueño tiene cabello castaño, tiene contextura atlética, le gusta nadar, estar con los amigos, le gusta hacer ejercicio y deporte. Es un chico querido por todos», expresó con cariño.

Esperando a la Justicia

La gran ausencia por estas horas es la de la Fiscalía 6 de Villa Gesell, que a los 9 días de la desaparición ordenó dos allanamientos en la vivienda del joven, uno de ellos con perros, donde se retuvieron prendas de Marcelo y una computadora. Sobre ese accionar, la madre del adolescente mencionó que era algo que hubiese esperado que hicieran antes.

Al cierre de esta edición, tanto la madre como el padre del desaparecido insistieron en ser atendidos por la fiscal Zamboni, pero ante la licencia que por estos momentos les informaron que tiene la funcionaria judicial, es Ignacio Marzulo, ayudante de la dependencia, quien recién se comprometió a conversar con ellos el próximo lunes.

Los planes familiares

Todo sabe a poco en este caso. Recursos escasos, dilaciones judiciales, los encuentros con el intendente provocados por la familia pero sin ejecuciones muy contundentes, son el marco de una búsqueda que se hace extensa y ansiosa y cada vez más preocupante por el estado vulnerable en el que se encontraba el adolescente cuando decidió irse.

Los proyectos familiares que tenían eran tomarse unas vacaciones a Misiones, de donde es oriunda Paredes y también a CABA para visitar a su mamá, quien dadas las circunstancias en las que se encuentra su hija y sus nietos, ya arribó a Gesell para acompañar.

La familia sigue como puede y busca en esta instancia la repercusión mediática que les asegure continuidad de los operativos, pero también que la población sepa la historia de Marcelo, reconozca su rostro, se solidarice y se sume al estado de alerta, para poder cumplir con lo que ansía su hermana de 25 años y es el único objetivo de los afectos más cercanos: «Nosotros lo vamos a ayudar, necesitamos que aparezca, nada más».