Hace una semana, el lunes por la tarde, la reconocida vecina y ex concejal radical, Rosa Estanga, debió ser internada de urgencia en el hospital municipal por sufrir un accidente cerebro vascular hemorrágico (ACV) y posteriormente trasladada a un clínica de la Ciudad de Buenos Aires. Su pronóstico fue grave desde el comienzo y murió en las últimas horas. El dolor por lo acontecido y lo intespectivo del padecimiento tienen a su familia, su entorno laboral y mucha gente querida de su cercanía, sumergida en el desconsuelo. Villa Gesell perdió a una gran mujer que tenía lo que no es tan fácil conseguir: el cariño y la confianza de la gente.
El pasado lunes 26 de julio por la tarde, recién llegada de unas vacaciones por el sur junto a su marido Carlos Kirco, Rosa Estanga se encontraba en su casa normalmente hasta que sufrió un episodio de pérdida de conocimiento y se desplomó.
Rápidamente fue asistida por su compañero y trasladada al hospital municipal donde se la compensó y el diagnóstico fue tan duro como indudable: accidente cerebro vascular hemorrágico. De ahí en más comenzó la búsqueda de cama en algún centro médico de alta complejidad en Mar del Plata, pero ante la falta de lugar fue la ciudad de Buenos Aires el destino y a la mañana siguiente fue internada en la Clínica de la Ciudad.
Lamentablemente, el daño que el ACV hizo en su cerebro fue irreversible y no hubo posibilidad de una cirugía que al comienzo había sido una opción posible. Con asistencia respiratoria mecánica desde la primera atención y en estado de coma, Estanga transcurrió hasta esta madrugada, rodeada de sus afectos más cercanos.
Rosa, la vecina de 58 años, la geselina, la concejal, la consejera, la mujer, la madre, pero por sobre todo la simpleza, la humanidad y la sinceridad sin recovecos fueron sus virtudes esenciales con las que trabajó cotidianamente en la farmacia sindical, en el concejo deliberante y en todas sus intervenciones comunicacionales.
Una mujer que si bien tuvo su paso por la política geselina, nunca se quedó atrapada en las comunes siluetas de los dirigentes. Rosa traducía de una manera concreta y desde el más alto nivel del sentido común, lo que siente y vive el vecino. Mas allá de su partido, el radicalismo, fue una intermediaria entre la comunidad y la gestión oficial, sobre todo en materia de salud. Siempre atenta a las necesidades de muchos de los que recurrían a ella cuando necesitaban resolver cuestiones o simplemente favores.
Es increíble pensar en la ausencia de Rosa y es muy triste para la ciudad, perder una referente, y dirigente «buena gente» y con buenas intenciones, que todavía tenía mucho para darle a la ciudad y eso estaba en sus planes.
«Rosa, decís lo que pienso», solía ser el comentario más común de quienes la escuchaban en el HCD y en las columnas tanto escritas como radiales en Por la 3. Rosa era de la gente y la tristeza ante su fallecimiento, también.
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