No es novedad, pero solo hay que tomarse el tiempo de ver los boletines oficiales del municipio de Villa Gesell, para corroborar los fondos del Estado que son canalizados a través de subsidios y eximición de tasas, entre otros conceptos. De 5.000 a 50.000 pesos, son los importes que varían para ayuda social para vecinos y vecinas. De enero a la fecha ya conforman una cantidad de otorgamientos que superan fácilmente los 100. Además, a esto se suma la ya famosa «pauta publicitaria» otorgada a dedo e inequitativamente a diferentes medios y periodistas, no solamente de nuestra ciudad, sino también a desconocidos. Los conceptos que resuenan en este contexto, que no es nuevo como la pandemia, son mínimamente: clientelismo, abuso de poder y discrecionalidad y esconden ni más ni menos que la falta de gestión para generar soluciones profundas y a largo plazo. Claramente no hay plan, se gobierna el día a día y los problemas se patean para adelante, se ocultan y disfrazan para desviar la atención de los ciudadanos y para ello se practica la dádiva y el sometimiento.
Cinco mil, diez mil, veinte mil y hasta cincuenta mil, en ese margen van subiendo y bajando las sumas de decenas de subsidios decretadas por el intendente municipal Gustavo Barrera, desde hace largo tiempo ya, pero que se acrecienta ahora seguramente más con la pandemia.
Lo grave de esta ayuda económica a vecinos y vecinas, es que no resuelve problemas de raíz ni son el comienzo de una gestión que garantice la búsqueda de proyectos para lograr soluciones más integrales, profundas y efectivas. Son unos mangos para conformar, para salir del paso, para acallar voces y fidelizar voluntades.
Este año electoral no difiere tanto de otros años en los que viene gobernando el mandatario local, generalmente Barrera se comporta y gestiona como si viviese en época de elecciones continuamente. «Los recursos estatales son utilizados en ocasiones durante la campañas para fomentar el clientelismo, la propaganda, oficial, la inauguración de obras públicas, el uso de medios de comunicación o poniendo la estructura administrativa estatal al servicio del partido oficial», se lee en un extracto del informe Política, Dinero y Poder de la Organización de los Estados Americanos. Esta definición le cabe como anillo al dedo al intendente, que denota su estructura básica políticamente hablando, que no hace otra cosa más que demostrar que su control predominante se mantiene en muchos casos gracias al control de los recursos.
Subsidios pequeños, medianos y grandes, como el otorgado a la empresa de transporte público, eximición de tasas y pagos a medios de comunicación, tanto locales como desconocidos, para que acompañen el relato oficial o como apoyo al espacio político al que pertenece, son solo una mera muestra del manejo discrecional de fondos públicos.
«El Estado conserva un papel predominante gracias al control de recursos que afectan las economías de los medios. El manejo discrecional de fondos públicos socava las bases del periodismo genuino. Los medios no pueden criticar a quien otorga una fuente sustancial de la publicidad», detalla el mismo informe.
El plan de gobierno del Frente de Todos geselino no profundiza en la generación de empleo, no invierte en salud pública para mejorar la calidad sanitaria y está a años luz de poder resolver o por lo menos encaminar una serie de problemáticas que son antiguas y se hicieron carne en la sociedad.
El plan de gobierno es mantenerse y mantener votos cautivos como se pueda y rodeado de servidores leales, sin importar la capacidad de gestión o peor aún, demostrando serias incapacidades. El dinero de los contribuyentes es el cofre de oro con el cual el tío rico geselino va conformando y destruyendo a su paso.
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