Villa Gesell está entregada y a su sociedad lo único que la puede salvar es la solidaridad, una verdadera empatía y el dejar los miedos y los intereses particulares de lado. Bien dice el refrán que «el que calla otorga» y también le viene a medida a La Villa actual. la conocida frase que reza que «los espacios que uno no ocupa, otro los va a ocupar». Y quién ocupa o qué ocupa los lugares que la mínima participación ciudadana y el descompromiso de los habitantes dejan vacíos? La impunidad, la corrupción, la desidia, el descontrol, el temor, los intereses particulares por sobre el bien común y podría seguir enumerando. Como está, a Gesell, no la salva ningún precandidato/ta a intendente. A Gesell la salva el pueblo o seguirá sumergiéndose cada vez más avanzadamente en un mero recuerdo de la ciudad que alguna vez fue o por lo menos pretende ser.
Editorial de Jorgelina Mena, periodista
Parto de la base de que Villa Gesell está «entregada» y que la gente común, honesta, trabajadora y capacitada unida más allá de espacios políticos o en una verdadera unión de un espacio político partidario puede ser parte de la solución. Hoy, 50 almas que en diferentes ámbitos se la juegan o por lo menos son conscientes de que los derechos no se regalan, que la vida vale y se defiende, que la dignidad y la libertad de ser y hacer no se transa, no pueden cambiar demasiado.
La cuenta es de multiplicar y no es difícil si sabemos que somos por lo menos 50.000 habitantes. No hay dirigente político que aspire a guiar el destino del distrito que vaya a cambiar nada si no está decidido y preparado para enfrentar los negociados sucios y sistemas corroídos por la incapacidad, la abulia, la ilegalidad y la falta de moral que subyacen en los propios poderes y fuerzas públicas que deben bregar por la calidad de vida de los ciudadanos, la seguridad y el orden público, que no es otra cosa que vivir en paz y con respeto a la ley en una comunidad. Hoy, poco de esto sucede en Villa Gesell y el gobierno de turno, lejos de intentar construirlo, corre su responsabilidad y alimenta el vacío de poder, que no hace más que debilitar su figura. Porque aunque haya orquestado un sistema de comunicación y prensa que pretenda demostrar lo contrario, la baja credibilidad y la falta de confianza y respeto que cosecha Gustavo Barrera en los últimos años, aunque calladamente al estilo geselino, es algo imposible de tapar con nada a estas alturas.
Podrá el pueblo de Villa Gesell tomar las riendas de su futuro? Ya la problemática más acuciante y riesgosa de la zona ni siquiera tiene que ver con romper la estacionalidad, su falta de atractivos turísticos, la inexistente planificación y labor para sostener el ambiente natural que es el gran atractivo turístico que mueve su economía y la falta de desarrollo de oportunidades laborales más allá del ámbito de la construcción, la hotelería y el comercio. El bosque se degrada, el ecosistema marítimo no se protege, la gestión responsable y sustentable de residuos es inexistente, pero estoy hablando de algo más importante y necesario para que todo lo demás puede mejorar y es el CUIDADO DE LA VIDA Y EL RESPETO POR LA HUMANIDAD.
El deterioro de un sistema de salud y el incumplimiento de derechos en ese sentido enferma a una comunidad. La corrupción y el comercio de drogas atenta contra la salud de las personas. La falta de trabajo serio y competente en materia de seguridad y la violencia mata o lastima a las personas. La ausencia o una presencia deficiente del Estado en materia de educación agrede el intelecto de los seres humanos y la mejor manera de asumir la responsabilidad de tomar decisiones y no ceder ese poder a nadie es tener sabiduría y ser consciente.
Las personas inconscientes de la realidad son el blanco fácil de los sistemas corruptos y se convierten en presas de la política barata y cruel que los utiliza para sus propios intereses, aunque les haga creer que las cosas como se hacen es porque están pensando en ellos y los están cuidando.
La individualidad, el egoísmo y el miedo destruyen a la vida en sociedad y Gesell tiene mucho de eso. «Pasó esto y lo otro pero no puedo decirlo porque yo tengo cual o tal emprendimiento y entonces me pueden perjudicar», «Pedimos tal o cual cosa hace años pero no pasa nada, pero no podemos exigirlo de otra manera más fuerte porque no queda bien o vamos a quedar marcados», «Ah, si, eso esta muy mal pero siempre fue así, no tiene solución», «No se puede hacer nada», «Esto pasa en todos lados», «A mi no me pasó, yo tuve una buena experiencia» … y así se van reiterando posturas que lejos de modificar y cambiar lo que no funciona, siguen edificando y convalidando la destrucción de la ciudad que se supone, todos queremos.
Funcionarios se acomodan y acomodan a los suyos, funcionarios que ocupan lugares centrales y de poder que son incapaces y sin profesión o experiencia en la materia en la que deben intervenir y gestionar, personas que cuando logran la seguridad y las conveniencias de un puesto dejan de ser críticos y se amoldan a los mismos controvertidos e ineficientes sistemas que antes criticaban, todo sucede bajo un manto de impunidad y descaro increíble en una ciudad pequeña donde todos en algún momento se encuentran en cualquier esquina cara a cara. Pura mediocridad.
Falaz, impúdica, dañina, descompuesta, mentirosa y pusilánime son adjetivos que pueden encajarle a medida a la gestión municipal del Ejecutivo actual y también a una parte de la sociedad que le hace de espejo y la acompaña sin un centímetro de autocrítica o vergüenza ajena.
El perjuicio está hecho, dependerá de hasta donde la sociedad geselina pueda soportarlo y es evidente que la tolerancia al dolor de la comunidad es alta.
Ni las historias más tristes, las pérdidas dolorosas, las vejaciones que los seres más indefensos y vulnerables sufren cada día, muchas veces en conocimiento de otras personas fueron y son suficientes para el despertar de los geselinos y geselinas.
No fueron pocas las veces donde comprobé cómo una familia puede negociar en la mesa de la privada del intendente, un error que lastimó a alguien querido. Tampoco son pocas las veces que quienes tienen por elección propia la responsabilidad de representar a algún sector de la comunidad o trabajar para un fin determinado, bajan la cabeza o miran para un costado a cambio de algo que a ese espacio le viene bien o necesita o simplemente actúan condescendientemente.
Ni que hablar de la prensa, aunque no voy a generalizar, es sin dudas la gran cómplice del accionar inescrupuloso del poder de turno que supo comprar conciencias y disfrazar el rol del periodismo a conveniencia. El intendente tiene una gran agencia de prensa propia y otras contratadas para de algún modo coaptar la información periodística para amoldarla a su conveniencia.
En Gesell, como en muchas ciudades chicas, son más los que se deben favores y alguna vez han necesitado de alguna gestión para acomodar algo o conseguirlo, que quienes viven su vida con libertad y a base del esfuerzo de su trabajo sin depender de nadie.
La gente común, capaz, valiente, criteriosa y empática está marginada, no se siente representada por nadie, políticamente hablando, pero tampoco encuentra muchos espacios sociales de pertenencia. Hay muchas personas descreídas, desilucionadas y lo peor es que ya no tiene la motivación necesaria para poder contribuir en su comunidad.
El panorama es preocupante, porque además es una sociedad que le pasa por arriba a la juventud, pisotea sus derechos y cercena sus posibilidades. Los deja sin expectativas. Y todos sabemos el valor de la juventud. Decía José Ingenieros que «La juventud es levadura moral de los pueblos» y que «de jóvenes sin credo se forman cortesanos que mendigan favores en las antesalas, retóricos que hilvanan palabras sin ideas, abúlicos que juzgan la vida sin vivirla; valores negativos que ponen piedras en todos los caminos para evitar que anden otros lo que ellos no pueden andar”.
No hay UN o UNA salvadora para la ciudad concebida por Don Carlos. Gesell se salva en cada acto cotidiano de solidaridad, de interés y bien común, dejando de lado el miedo, la especulación propia y con el compromiso ciudadano. Evidenciando a los mal intencionados, a los angurrientos y a los que toman como suyo lo que es de todos. A los incapaces y complacientes puestos a dedo y condecorados por su militancia y silencio ante las injusticias.
En la Gesell actual la solución no es meramente política, es a base de construcción ciudadana y sentido de humanidad.
Y sigo citando a Ingenieros: «La inercia frente a la vida es cobardía». Gesell tiene que decidir si seguirá siendo cobarde o se hará cargo de torcer su destino.
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