La Reserva Natural está sin guardaparques porque la camioneta de Turismo que usan está con problemas mecánicos

Esta situación sucede actualmente, en plenas vacaciones de invierno en la Reserva Natural Municipal Faro Querandí, el tesoro sureño en el distrito de Villa Gesell, que es un atractivo natural valioso y por ende con gran importancia turística. Comienza a 5 kilómetros del final de Mar Azul, donde hay una base de guardaparques municipales que no solamente intentan controlar y proteger el predio de 5.757 hectáreas con los escasos recursos con los que cuentan, sino que además realizan tareas de concientización y experiencias de divulgación sobre el ecosistema de mar, dunas y pastizales. Desde antes del receso invernal ya se notó la ausencia de los guardianes del ambiente y persiste más allá de la importante época del año en la que estamos, debido a que el único vehículo municipal con el que cuentan los guardaparques espera ser arreglado para estar apto para circular en playa. Bello y desprotegido, con iniciativas más voluntarias que formales, el territorio que se quiso ceder a Nación y ahora a Provincia, por estos días es tierra de nadie.

Es una lástima ver como la hermosa Reserva Municipal Faro Querandí y sus inmensas playas y grandes pastizales están hace un tiempo largo sin la presencia continua y necesaria de los y las guardaparques, que ahora además, son solo tres cuando supieron ser ser mínimo cuatro.

Lo advierten los vecinos y turistas y lo confirmó la empresa que realiza las excursiones al Faro Querandí y que ofrecen como parte del recorrido, una parada en la base de los guardaparques situada a unos 5 kilómetros de Mar Azul y en diagonal a la playa nudista Querandí, donde los turistas reciben información sobre la flora y la fauna del lugar, recorren los senderos hechos para tal fin y se involucran con el compromiso de entender que es una zona donde hay que circular con cuidado y no en todo el predio, para preservar el ambiente lo más natural posible, que justamente es lo que más atrae a los visitantes. «Los guardaparques no están porque no tienen vehículo para ir», advirtieron.

Si, este es el panorama en plena vacaciones de invierno, donde aumenta el tránsito vehicular en playa y donde más se intenta aprovechar llegar a los visitantes con información sobre el ecosistema del extremo sur del distrito y que puedan disfrutar de la maravillosa inmensidad pero cuidándola.

Son 5.757 hectáreas de dunas y pastizales junto a la costa atlántica con una extensión sobre ella de 21 km. Tres guardaparques son muy pocos, cuatro también lo eran, pero en vez de sumar recursos humanos y materiales para la Reserva, la municipalidad no interviene para mejorar las condiciones del lugar ni para asegurarles los elementos básicos a quienes tienen la tarea de cuidarlo.

Con los planes siempre pendientes de querer otorgarle a Nación o a Provincia la potestad del manejo y control de la Reserva, el mágico rincón natural queda a expensas del descontrol, la suciedad y los hábitos dañinos que infinidad de veces han acontecido.

La tarea de los guardaparques es muy voluntariosa y muchas de las iniciativas en la zona la mayoría de las veces son a puro pulmón. Así como hoy por la demora en efectivizar un arreglo de la única camioneta con la que cuentan para ir al puesto de trabajo, en otras oportunidades también fueron otros los faltantes que no hacen más que evidenciar la poca importancia que el gobierno municipal le da a la Reserva y a los trabajadores que transitan por ella, como lo fue el caso de la casilla del guardavidas del Faro durante el verano anterior, donde prácticamente promediando la temporada se terminó de armar.

El puesto de guardaparques cerrado y ellos dando algunas charlas en el Pinar del Norte durante el receso invernal, no resulta muy acorde con la propuesta ambiental y turística que debería impulsarse en el territorio.