La desconfianza de muchos vecinos se viene acentuando en las últimas semanas. A los hechos conflictivos y contradictorios en el Control de Accceso del Paseo 139, se suma el caso del primer paciente con Covid-19 que puso en evidencia la falencia en la atención hospitalaria, una comunicación deficiente e inexacta sobre la situación y como si fuera poco una manera de dirigirse a la comunidad que roza la falta de respeto y la agresión como método para imponerse y hacerse oír.
La espectacularización de la gestión está atravezando uno de los niveles más altos, sin embargo gran parte de la comunidad geselina entró en un momento de descreimiento y enojo, por la comprobación de varios hechos que no condicen con el relato que parte principalmente desde la Privada del intendente pero baja sistemáticamente y en diferentes formatos, en todos los espacios de comunicación oficiales.
Los útimos hechos acontecidos en el control de acceso del Paseo 139 pusieron en evidencia contradicciones e irregularidades que suceden en el ingreso a la ciudad, que al darse a conocer, comenzaron a preocupar a muchos vecinos.
La mirada de la comunidad se hace cada vez más crítica porque, en general, los vecinos no ven por parte del intendente y su equipo una respuesta lógica a sus necesidades y a la medida del esfuerzo que gran parte de la sociedad geselina está realizando a la hora de cumplir la cuarentena a pesar de que en muchos casos hay familias que siguen viendo relegadas sus necesidades básicas incumplidas.
Comunicaciones agresivas, ataque a vecinos, formas de hablar que rayan la falta de respeto, una carga de prepotencia importante y un tono dictatorial, está cambiando el ánimo de muchos vecinos que ya no están viendo con buenos ojos la postura intolerante del intendente y de varios de los funcionarios que los rodean, que consideran que están haciendo todo bien y no dan lugar a la reflexión y al reconocimiento de las fallas que, tarde o temprano salen a la luz.
«Gesell es un lugar chico, a la corta o a la larga nos enteramos de la verdad», dice uno de los tantos comentarios en las redes sociales que demuestran molestia con el intendente Gustavo Barrera.
Sus modos, su sarcasmo y utilización de situaciones para sumar porotos en la lotería de la política se mezclan con malos ejemplos y acciones que lo tienen de protagonista tanto a el como a integrantes de su círculo más cercano, a la hora decir una cosa y hacer otra.
Comunicación engañosa, mentiras y maquillajes de la realidad, sobre todo en materia de Seguridad y Salud en el momento más complicado de la pandemia, lo dejan mal parado.
La información se recorta y se cuenta de modo que las problemáticas de la ciudad, que se profundizan ahora en materia de Salud, queden colgadas puertas adentro.
El transcurrir de los 68 días de cuarentena está empezando a sensibilizar los ánimos y ante el primer caso positivo de Covid-19, además, la preocupación de los vecinos ya no concibe relatos fantásticos ni medias verdades.
La escenografía del show municipal incluye a un intendente con barbijo solo cuando es entrevistado por medios nacionales o recibe visitas de la talla del Ministro de Seguridad de la provincia Sergio Berni y el Jefe de Gabinete de Ministros de Kicillof, después, para Barrera no hay distanciamiento social ni máscara protectora que pueda con su nuevo rol paternal, del que hace uso y abuso.
El cuento del pueblo protegido se despedaza cada vez que los mismos vecinos evidencian la falta de recursos materiales y humanos en el hospital municipal, la mínima atención que dejó en la pandemia a muchos pacientes boyando con padecimientos crónicos. Se despedaza cuando los vecinos no encuentran en Acción Social un verdadero plan de asistencia que no vaya más allá de una bolsa de productos cada quince días. Se parte cuando una mujer muere desangrada en un parto por no haberse tenido en cuenta la posibilidad de pensar en la importancia de esas vidas para elegir la mejor manera de llevar a cabo un procedimiento que asegure la luz y no la oscuridad de la muerte. Se rompe cuando se desestima la colaboración y la voluntad de cientos de individuos que sin necesidad u obligación, le ponen el pecho y el corazón para darle una mano al otro que lo necesita. Se lastima cuando se evidencia la intención de borrar del mapa el asesinato de Fernando Baéz Sosa. Se resquebraja cuando se cree que es suficiente comprar la voluntad de los medios de comunicación para sostener el cuento y se pierde de vista el raciocinio de la gente y el poder del pueblo que no cierra los ojos, que no mira para otro lado, que levanta la voz y pierde el miedo, aún ante la mirada acusadora de otros ciudadanos que por favores y prevendas de cualquier tipo, avalan el atropello, la falta de verdad y se acomodan en el rol de aplaudidores.
El intendente le pide a los vecinos que sólo se remitan a la información oficial. La información que ya no alcanza o que ya no convence, porque el armado escenográfico es endeble y la realidad, más verosímil.
Al virus, lo frenamos entre todos, dice el slogan municipal. Al superpoderoso parece que también. Son cada vez más las reacciones en las redes sociales. Lo que para cualquier especialista en el tema sembraría mínimamente una preocupación, para aconsejarle al capitán del barco que cambie de rumbo, ya que corre el peligro de estrellarse.
Periodismo en Movimiento Portal de Noticias de la Argentina: Policiales, Sociedad, Política y más.